Fundamentos fisiológicos y energéticos de la resistencia en el fútbol
Introducción
El fútbol moderno exige un rendimiento físico muy complejo, donde la capacidad de mantener esfuerzos intermitentes, explosivos y prolongados define en gran medida el éxito deportivo. Entre las capacidades condicionales que determinan el rendimiento, la resistencia juega un papel central, ya que sustenta la capacidad del jugador para mantener la intensidad del juego y ejecutar acciones técnicas y tácticas de manera eficiente durante los 90 minutos completos (Stølen et al., 2005). Comprender los fundamentos fisiológicos y energéticos que sustentan la resistencia permite a los practicantes diseñar programas de entrenamiento más específicos y efectivos, alineados con las demandas reales del fútbol competitivo.
1. Concepto de Resistencia General y Específica
La resistencia general se define como la capacidad del organismo para realizar un esfuerzo prolongado mediante el funcionamiento coordinado de los sistemas cardiovascular, respiratorio y metabólico. Por el contrario, la resistencia específica se refiere a la aplicación de esta capacidad en el contexto del fútbol, donde los esfuerzos no son continuos sino intermitentes, alternando fases de baja y alta intensidad (Bangsbo, 1994).
Durante un partido, los jugadores realizan entre 1.000 y 1.500 acciones motoras de diferente intensidad, combinando carrera, sprint, salto, giro y cambios de dirección (Di Salvo et al., 2009). En consecuencia, la resistencia en el fútbol no puede entenderse como una simple habilidad para cubrir largas distancias, sino más bien como la capacidad de realizar repetidamente acciones de alta intensidad con períodos de recuperación incompletos.
2. Sistemas energéticos predominantes en el fútbol
El rendimiento en el fútbol depende de la interacción de los tres sistemas energéticos principales: el sistema aeróbico, el sistema anaeróbico aláctico (ATP-PCr) y el sistema anaeróbico láctico (glicolítico). Aunque el metabolismo aeróbico contribuye aproximadamente entre el 70% y el 80% de la energía total gastada durante un partido, los momentos decisivos (como sprints, duelos o transiciones rápidas) dependen principalmente de los sistemas anaeróbicos (Iaia y Bangsbo, 2010).
Sistema aeróbico (oxidativo): responsable de la resíntesis de ATP durante actividades de intensidad baja a moderada. Es esencial para mantener el ritmo general del partido y facilitar la recuperación entre esfuerzos.
Sistema aláctico anaeróbico: proporciona energía inmediata a través de la descomposición de la fosfocreatina (PCr) durante acciones de muy alta intensidad y corta duración (2 a 4 segundos).
Sistema láctico anaeróbico: se vuelve predominante durante esfuerzos submáximos más prolongados (20 a 60 segundos), lo que contribuye a la producción de energía a costa de una mayor acumulación de lactato.
El predominio de cada sistema depende del tipo de esfuerzo, su duración y el tiempo de recuperación entre acciones. Esta combinación metabólica define al fútbol como un deporte aeróbico-anaeróbico intermitente, donde la eficiencia en la alternancia entre sistemas energéticos es un determinante clave del rendimiento.
3. Adaptaciones fisiológicas al entrenamiento aeróbico
El entrenamiento de resistencia produce una serie de adaptaciones fisiológicas que mejoran la eficiencia del cuerpo para satisfacer las demandas energéticas del juego. Estas adaptaciones se pueden clasificar en agudas (inmediatas) y crónicas (estructurales o funcionales a largo plazo).
Adaptaciones agudas
Durante el ejercicio, se observa un aumento lineal en la frecuencia cardíaca, el volumen sistólico y el gasto cardíaco total, junto con una redistribución del flujo sanguíneo hacia los músculos activos (Stølen et al., 2005). La ventilación pulmonar, el consumo de oxígeno (VO₂) y la temperatura muscular también aumentan, optimizando las reacciones metabólicas.
Adaptaciones crónicas
Con el entrenamiento prolongado se producen importantes cambios cardiovasculares y musculares:
Aumento del volumen cardíaco y del tamaño del ventrículo izquierdo, mejorando el volumen sistólico y reduciendo la frecuencia cardíaca en reposo.
Aumento del número y tamaño de las mitocondrias, favoreciendo la oxidación del sustrato.
Mayor densidad capilar y mejora del transporte de oxígeno, aumentando la capacidad aeróbica.
Mejora de la utilización de la grasa como fuente de energía, ahorrando glucógeno muscular.
Reducción de la concentración de lactato durante los esfuerzos submáximos, lo que permite mantener intensidades más altas con menos fatiga metabólica (Bangsbo, 1994; Iaia & Bangsbo, 2010).
Estas adaptaciones son fundamentales para mantener la intensidad competitiva, especialmente durante las segundas mitades, cuando suelen aparecer el agotamiento de glucógeno y la fatiga neuromuscular.
4. Zonas de entrenamiento funcional y frecuencia cardíaca
La planificación del entrenamiento aeróbico se organiza según zonas de intensidad funcional, determinadas por porcentajes de frecuencia cardíaca máxima (FCmáx) o consumo máximo de oxígeno (VO₂máx). Billat y Seiler (citado en Stølen et al., 2005) proponen cinco zonas de entrenamiento principales:
En el fútbol, la mayor parte de los partidos se juegan entre las zonas 3 y 4, donde los niveles de lactato en sangre suelen oscilar entre 4 y 8 mmol/L (Rampinini et al., 2007). Entrenar dentro de estas zonas mejora tanto la potencia aeróbica como la capacidad de recuperación entre acciones de alta intensidad.
5. Manifestación de la resistencia según la posición de juego y la fase del partido
La resistencia no se manifiesta de manera uniforme en todas las posiciones de juego ni durante todo el partido. Su expresión depende de tres factores principales: rol táctico, modelo de juego y fase del partido (Dellal et al., 2011; Carling et al., 2008).
- Porteros: Realizar predominantemente esfuerzos explosivos breves con periodos de recuperación prolongados. El entrenamiento prioriza la resistencia anaeróbica aláctica y la capacidad aeróbica básica.
- Defensas centrales: Alternar acciones intermitentes de intensidad baja y moderada. Requieren una base aeróbica sólida y potencia anaeróbica ocasional.
- Defensas: Exhibe una alta frecuencia de sprints y carreras de larga distancia. Requieren de una elevada potencia aeróbica y buena tolerancia al lactato.
- Mediocampistas centrales: Cubre las mayores distancias (10-12 km por partido), con predominio de una extensa resistencia aeróbica.
- Extremos y delanteros: Concentre esfuerzos explosivos repetidos con alta variabilidad de la frecuencia cardíaca. La resistencia intermitente y la potencia anaeróbica son decisivas (Bradley & Noakes, 2013).
Además, el modelo de juego condiciona las demandas fisiológicas. Los equipos basados en la posesión requieren una alta capacidad aeróbica para sostener el movimiento continuo, mientras que los equipos de alta presión exigen una mayor potencia aeróbica e intermitente. Por el contrario, los equipos que emplean un bloqueo defensivo bajo priorizan la eficiencia metabólica y la recuperación dentro de zonas de frecuencia cardíaca moderada (Casamichana y Castellano, 2010).
Evaluación de la resistencia en futbolistas
Objetivo del módulo: comprender y aplicar las principales pruebas de resistencia basadas en el campo respaldadas por evidencia científica, comprender qué mide realmente cada prueba y aprender a interpretar los resultados para guiar la prescripción de cargas de entrenamiento.
Evaluación de la resistencia en el fútbol
Evaluar la resistencia en el fútbol no se trata de medir cuánto corre un jugador, sino más bien de evaluar la capacidad del jugador para mantener el rendimiento en un deporte intermitente caracterizado por cambios de ritmo, aceleraciones, desaceleraciones y períodos de recuperación incompletos.
La evaluación permite a los profesionales:
Establecer niveles de desempeño de referencia
Individualizar las cargas de entrenamiento
Monitorear el desarrollo del desempeño a lo largo del tiempo.
Tomar decisiones objetivas dentro del proceso de planificación.
La prueba no se trata de completar una hoja de cálculo.
Se trata de construir un perfil de rendimiento del jugador.
Diferencia entre pruebas de campo y pruebas de laboratorio
Pruebas de resistencia aeróbica en campo y su correlación con el VO₂máx.

«Los datos por sí solos no crean cambios. Lo que hacemos con ellos sí lo hace».
En la formación, las pruebas son esenciales, pero interpretar los datos con buen criterio es decisivo.
Como afirma Marcos Chena: «Lo que importa no son los datos en sí, sino lo que hacemos con ellos».
Medir la fuerza, la resistencia o la velocidad sólo tiene sentido cuando esos números nos permiten tomar decisiones informadas:
- ✅ Ajustar las cargas de entrenamiento
- ✅ Detectar riesgos potenciales
- ✅ Individualizar los estímulos de entrenamiento
- ✅ Optimizar el rendimiento
La prueba no se trata de completar una hoja de cálculo.
se trata de construir un perfil de desempeño, identificar patrones y dar significado al proceso de capacitación.
El valor real no reside en tener datos, sino en usar datos para entrenar mejor.
Cálculo de la frecuencia cardíaca máxima (FCmáx)
Fórmulas clásicas para estimar la FCmáx:
- Tanaka (2001):
FCmáx = 208 – (0,7 × edad)
→ La fórmula más utilizada en los deportes de equipo.
- Zorro y Haskell (1970):
FCmáx = 220 – edad
→ La fórmula tradicional, aunque algo menos precisa.
PRINCIPALES PRUEBAS DE RESISTENCIA EN EL FÚTBOL
A. Prueba de aptitud física intermitente 30–15 (IFT 30–15)
El 30-15 ITF es una prueba de carrera intermitente diseñada por Martín Buchheit.
Protocolo:
Lanzaderas realizadas para 30 segundos
- 15 segundos de recuperación pasiva
Velocidad inicial: 8 kilómetros por hora
Aumentos de velocidad de 0,5 km/h por etapa
La prueba continúa hasta el agotamiento o incumplimiento del protocolo.
Terminación de la prueba:
El jugador se detiene por agotamiento.
O no logra alcanzar el zona de 3 metros al sonar el pitido tres ocasiones consecutivas
Resultado principal:
- VIFT (Velocidad Final Lograda en el IFT)
VIFT se utiliza para:
Prescribir intensidades de entrenamiento
Diseñar sesiones de entrenamiento basadas en carrera o HIIT.
Individualizar cargas de entrenamiento aeróbico e intermitente.

B. Prueba de recuperación intermitente Yo-Yo
El Yo-Yo Test está inspirado en el Course Navette, pero incorpora periodos de recuperación activa, lo que lo hace más específico del fútbol.
Protocolo:
recorridos de lanzadera de 20 metros
10 segundos de recuperación activa (trote 2×5 m)
Incrementos progresivos de velocidad controlados por señales de audio.
La prueba finaliza tras dos fallos consecutivos.
Resultado:
Variantes más utilizadas:
El YYIR es considerado una de las pruebas con mayor validez para deportes intermitentes.

C. Prueba de 1000 metros
La prueba de los 1000 metros es…

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